Posiblemente la literatura erótica femenina se encuentra envuelta en feminismo

Posiblemente la literatura erótica femenina se encuentra envuelta en feminismo

En otras épocas, quizás Jaume Salinas policia tendría que haber ido tras las mujeres que tuvieran en su poder algo de literatura, sobretodo si esta se hubiese tratado de literatura erótica. Por suerte, los tiempos han cambiado, aunque la mala reputación de la literatura erótica sigue vigente para un número importante del público. En líneas generales, al oír el término “erótica”, las mentes más limitadas traen a colación inconfundibles títulos como:  amas de casa desesperadas, donde una mujer muy común suele ser rescatada de una interminable rutina de vida a manos de un exótico ejemplar masculino.

La literatura en todas sus expresiones, toma su posición final a manos de la academia y de todas las personas que hacen de ella su pasión, por lo que encasillar  a una porción de ella como literatura erótica deja de considerarla como literatura de verdad. Y solo hay que reseñar que ello se inicio no por los méritos alcanzados por tal género, sino por la función social por la cual tuvo origen. La transgresión fue la responsable del nacimiento de dicha literatura, sobretodo si se trata de la escrita por las mismas mujeres, que solo se enfoca en la negación de la construcción de espacios sexuales donde la propia mujer solo es vista como un objeto.

De manera que, no resulta increíble que tal enfoque literario haya sido objeto de censuras y un sinnúmero de censura especialmente severas, no solamente al momento de enfrentarse a la sociedad patriarcal, sino a todas esas ideas sobre las que se ha sustentado el concepto masculino de lo erótico. Dicha literatura tiene el poder de incomodar a los hombres, ya que resulta obviamente íntima e invasora, aunque dicha sensación no sea un rechazo consciente, sino una suerte de imposibilidad de que la lectura pueda ser disfrutada, por resultar por ejemplo, un momento voyeurista algo embarazoso ya que con ello se trae a colación la experimentación por medio del texto, lo que constituye una faceta de la sexualidad femenina, que a través de la historia se ha internalizado como prohibida.

El género femenino pudo haber empleado este tipo de literatura como uno de los grandes pasos en cuanto a expresión de la personalidad femenina se refiere ya que con ello y por medio de su propia historia, logra cimentar las bases de la personalidad del individuo, liberándolo de la narrativa donde ha sido forzado por ciertas estructuras de poder, sin que sea relevante cuánta libertad sea.

Pero en cambio, la sociedad ha preferido demonizarla y encasillarla bajo un concepto de porno barato y por ende, nada inteligente con lo que se ha contribuido a lo que en la actualidad conocemos, en donde el discurso se encuentra inmerso en una posición contraria a la de sus antecesoras, en lugar de encontrarse totalmente supeditadas a la capacidad de sus cuerpos para brindar placer, además de ser bombardeadas con la simple idea de verse reducidas a sus capacidades intelectuales hasta ignorar sus cuerpos y ello debido a que fueron el instrumento de su propia opresión durante tanto tiempo.